Yo no quiero asesinar a nadie

Por Allan Matarrita

Yo estuve allí, en esa posición, montado sobre cuatro ruedas y 2000cc de furia, dispuesto a aplastar a cuatro maleantes que recién habían asaltado a una muchacha.

Primero los vi huyendo a pie en Moravia. Avanzados cien metros, la víctima lloraba desesperada y gritaba lo obvio: me acaban de asaltar.

Mi primera reacción fue seguirlos y ponérmeles al corte. Una reacción natural, de cualquier ser humano que ve a otra persona que acaba de ser vulnerada y siente enojo y deseo de ayudar. En ese orden.

Cuando se dieron cuenta de que los seguían, se volvieron y enfrentaron sacando pecho. Aún estaba yo en mi posición privilegiada, dentro de una máquina de varias toneladas con suficiente potencia para aplastarlos. Un toro en zapote frente a una manada de improvisados. El toro todo lo que debe hacer es embestir, y alguno caerá para jolgorio de la audiencia.

En el enjache solo atiné a enseñarles mi celular. No sé qué pasó por mi cabeza en ese momento; supongo que fue un reflejo de agarrar lo primero que tuviera a la mano. No sé qué le pasó a ellos por la cabeza, pero se espantaron y salieron corriendo.

Continué la persecución, hasta que recordé que los teléfonos servían para hacer llamadas y marqué el 911.

  • Estoy persiguiendo a 4 sujetos armados que acaban de asaltar a una femenina en Moravia- Dije sonando más a un paramédico en televisión que al Capitán América.

Lo que respondió la operadora, es indiferente. No lo recuerdo. Si siento aún la adrenalina de hacerlos correr. Desde afuera debió parecer en cámara lenta. Parecido a una escolta de corredores amateur en cualquier carrera dominguera.

Seguimos hasta que decidieron tirar el botín. Un bolso con ítems valiosos para la víctima. La gloria! Me bajé, recuperé el bolso y me convertí en héroe por una noche.

Lo conversé muchas veces con amigos y conocidos. Mi anécdota heroica. Esa que todo aquel macho alfa que se respete desea tener para sus noches de tragos y como as bajo la manga para sumarse puntos como un grandioso ser humano.

  • Yo les hubiera tirado el carro encima- Ha dicho más de uno.

“Y yo, ¿porqué no les tiré el carro encima?” me he preguntado. Que rico claro. Matarlos y deshacerme de cuatro escorias, pestes sociales. Que rico habérmelos apeado y ser un héroe frente al país. Que rico mandarle un mensaje al crimen que diga “ya no vamos a aguantar más”. Qué rico que todas las veces que me asaltaron en el cole hubiera aparecido un justiciero con un chopo y hubiera dejado un charco de sangre de ladrón en el piso. Qué rico que el hijueputa que baleó a uno de mis tíos en su negocio hubiera pagado con su vida su osadía.

No había pensado en la respuesta, hasta que hace unos días, vi la noticia de que un joven decidió echarle el carro encima a dos ladrones en moto, y los asesinó.

La respuesta del porqué no lo hice, es que yo no quiero asesinar a nadie. Asesinar a alguien, quitar una vida, parece ser algo que se toma a la ligera en estos días.

No juzgo al muchacho. Aún cuando ya estuve en esa situación, no sé cuál sería mi reacción si volviera a estarlo. No sé si estaría en control de la situación. No sé cómo asimilaría el poder. El muchacho del vehículo se sintió con poder. Sintió la máquina debajo de sí, y decidió matar a dos personas. No pensó en que podría haber consecuencias. No pensó en que se dirigía a matar a alguien. Actuó a lo que le salió del hígado. Él perdió el control.

No discutamos si lo merecen o no. Ya pasamos por ahí. Discutamos sobre perder el control de la situación.

¿Cuál es la diferencia de perder el control y matar a dos ladrones, a perder el control y matar a dos maes que vieron feo a mi esposa en un bar? ¿Tener una discusión, y terminar matando a alguien?

¿Perder el control por un idiota manejando que me atravesó el carro?

¿Perder el control y agarrarme a pichazos en el estadio?

¿Perder el control y golpear a un amigo, a un hijo, o a la pareja?

El muchacho que embistió a los ladrones no tenía “ayudar” como primer verbo en su lista. Sintió ira, enojo, se dejó llevar, quería venganza.

Vivimos en una sociedad que está perdiendo el control cada vez más fácilmente. Que va a reaccionar de la manera más violenta posible ante cualquier estímulo que signifique una justificación.

Aquel día no embestí a 4 tipos, porque aunque estaba asustado y quería ayudar, muy por dentro, sabía que no quería matar a nadie y logré sostenerme a esa idea. No sé si son valores, o es temor de la ley. No importa, no quiero ser un asesino. Punto. No me siento en la posición de decidir quién muere y quién no, sin temor a lamentarlo toda la vida.

Si usted, querido lector, está esperando un estímulo para sacar su arma, aventar su carro a alguien, o poner en práctica sus habilidades con los puños, usted es capaz de perder el control en cualquier otra situación, donde las consecuencias podrían no ser precisamente vitoreado como héroe. Donde la sociedad no se lo va a aplaudir tan fácilmente. Usted podría ser un peligro para sus personas queridas y para si mismo.

No podemos tolerar vivir en una sociedad que aplaude asesinar por impulso. De esa forma ya muere mucha gente inocente.

Le deseo a este muchacho que salga libre de toda culpa, de todo corazón. Yo en su lugar, alegaría un ataque psicótico en el momento.

Allan Matarrita Autor

CEO & Fundador de Quantik. Emprendedor, gerente de innovación, escritor y productor de comedia y entretenimiento para web y televisión.