Unicornios (Cuento)

La gente empezó a reportar que había unicornios en su jardín.

Dichos testigos afirmaban que sus unicornios de jardín eran invisibles al tacto y al paladar, que no dejaban ninguna evidencia física de su existencia si alguien la solicitaba, y sólo se mostraban a aquellas personas que verdaderamente creyeran en ellos.

Eran unicornios a prueba de pruebas, y aun cuando no se diferenciaban de ninguna manera con un unicornio inexistente, eran unicornios hermosos, lozanos, rebozantes de… del material brillante del que están hechos los unicornios por supuesto.

Cuando alguien sugería que los unicornios estaban hechos de imaginación, y mentiras, los seguidores y avistadores de unicornios se enojaban y apaleaban a estos atrevidos.

Los jardineros especializados en jardines de unicornios vendían unos palos especiales para este divertido menester y más de un padre de familia tenía colgado de la puerta un palo,  sólo por si acaso se aparecía uno de estos pedestres anti- unicornianos supersticiosos.

Todas las personas hablaban a los unicornios aunque pocas veces obtuvieran respuesta.

Cuando los unicornios se dignaban a hablar, hablaban muy bajito, en un idioma desconocido para casi todos los humanos, excepto para los intérpretes de unicornios, que llegaban en sus vistosas limosinas a las casas de los pobres y los ricos, con una libreta de palabras unicornienses, a traducirles a las familias lo que dijera el fabuloso portento habitante del jardín, cobrando en monedas de oro al rico, o en trabajo y diezmo al menos pudiente.

La gente también dejaba regalos y golosinas a los unicornios, aunque pocas veces se veía un unicornio con el suéter que tejió la vecina, primordialmente porque los unicornios eran invisibles, y algo melindrosos para vestir suéter feos, o jugar con chucherías.

Pero lo seguían haciendo, porque en agradecimiento a los regalos y chucherías,

los unicornios de jardín hacían milagros, que a veces costaba trabajo aceptar, como quitar un dolor de cabeza, o desaparecer una espinilla, hacer que se fuera el hipo, o que dejara de llover enseguida.

Poca gente había visto los milagros, pero tenían que ser ciertos, porque la tía política de un amigo de un compañero de la escuela, le dijo al sobrino suegro del papá de la hermanastra de otro compañero, que su mamá vio mejorarse de los dolores de cadera al cuñado político de su yerno tercero, y que al parecer fue por el agua bendecida por un unicornio frondoso y colorido pero más importante, un unicornio existente, no de esos que dicen los escépticos que no existen.

Personalmente nunca he visto un unicornio frondoso, ni desnutrido, debe ser porque no creo realmente que existan.

Es algo que no le he dicho a nadie, no quiero ser apaleado

Pienso que si hubiera tanto unicornio en el mundo, deberían por lo menos dejar alguna marca.

Mucha gente señala donde hay un unicornio y otro le dice que ahí no hay nada.

Luego la gente empezó a reportar que había un jardín en su jardín.

 

Colaborador:

Pablo Pérez

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Anton Carson Autor