Siete mitos sobre la música sinfónica

Me permito compartir con el estimable público los siete mitos (o las siete majaderías, diría yo) que he escuchado con más frecuencia a lo largo de mi vida como amante de la música sinfónica.

  1. Solo es para gente de plata: pues no; en Costa Rica, al menos, sale más caro ver fútbol que escuchar música sinfónica, es más caro ir al estadio que ir al Teatro Nacional, es más caro un CD de Shakira que un disco de música sinfónica y en todo caso da lo mismo si se descarga de Internet. Además, gracias a los esfuerzos estatales, hay decenas de excelentes conciertos sinfónicos gratuitos al año en festivales, parques, iglesias y centros educativos (conciertos que, de hecho, siempre son un llenazo).
  2. Solo es para gente muy culta: vieran que no. Hábitos como la lectura o escuchar música sinfónica pueden tener más relación con el entorno familiar que con el sistema educativo. He conocido universitarios que aborrecen a Beethoven y personas con nivel de escuela que atesoran acetatos de la Filarmónica de Viena. En unas ocasiones, la explicación está muy clara en los ejemplos familiares y la música es un elemento afectivo tan fuerte como la fotografía de los papás o el Cristo de la abuela en la pared. En otras, lo que actúa es una misteriosa fascinación que poco o nada tiene que ver con lo académico, sino más bien con una desbordante curiosidad.valquirias
  3. Solo es para viejitos: este lo escuché mil veces durante mi época de colegio, hace unos veinte años; ahora ya no lo escucho tanto… En fin, de cualquier manera es falso; quien haya escuchado a la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela tocando mambo, sabe que es falso. La música sinfónica ha tenido que rejuvenecerse para sobrevivir y eso se nota en la frescura de los repertorios y la juventud de los miembros de las mejores orquestas del mundo.
  4. Solo es para amargados: en cierta ocasión, alguien me preguntó: “¿Por qué usted oye esa música tan aburrida y triste? ¿Por qué no oye música alegre, que le suba el ánimo?” Yo le respondí: “Primero, esa música no es aburrida y triste; eso lo dice usted porque no la conoce. Y segundo: a mí me levanta el ánimo escuchar la música que me guste; si escucho música que no me gusta, por más alegre que sea, no me va a hacer feliz”. Sí, tal vez uno no grita ni salta en un concierto de Wagner y tal vez un concierto donde uno sí grita y salta puede ser como una noche de buen sexo; pero la música sinfónica es como haber encontrado al amor de la vida. Además, ¿quién dice que no se puede gritar y saltar en un concierto sinfónico?
  5. Solo es para juega’e vivos: por todo lo dicho en los puntos anteriores, confío en que no haga falta explicar por qué esta afirmación es falsa. Para todo hay gente, desde luego, y jugar de vivo por escuchar música sinfónica es tan ridículo como jugar de vivo por andar un buen teléfono; pero acusar a alguien de jugar de vivo por el mero hecho de andar un buen teléfono, también es ridículo.
  6. Solo es para dormir, relajarse, meditar… u otras pendejadas: habrá mucha gente que lo hace, cómo no; pero el verdadero conocedor, simplemente… no. Además, traten de dormir con la “Cabalgata de las Valquirias” a todo volumen y luego hablamos.
  7. Y el peor de todos: Richard Clayderman es música sinfónica. Pues no. Sépanlo que no.